Publicado en Entradas#muralla#abertura#ranura

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Las hormigas ocuparon la casa de mis abuelos en la montaña. Recuerdo que siempre me sorprendió la variedad de hormigas que uno puede descubrir en ese lugar. Ellas son las auténticas dueñas de ese territorio. Día y noche, con frío o calor, adentro de la casa o en las afueras pueden aparecer en cualquier rincón. En estas vacaciones en contacto con esa geografía tuve algunas ideas nuevas para seguir compartiendo este espacio; solo espero poder mantener cierta regularidad en las intervenciones.

Me propuse organizar una serie de fotos que saqué en distintas situaciones con la intención de profundizar en las relaciones entre el trabajo con la literatura y los modos de leer. El desafío es descubrir por medio de la escritura eso que se manifestó primero a los ojos y quedó grabado en las imágenes.

Las primeras fotos tienen que ver con la apariencia externa del hormiguero. La idea es pensar en las entradas: ¿cómo se ven las “puertas” de ingreso a ese mundo? Y, de ahí, extender las preguntas a los modos de abordar y explorar los ingresos a un amplio corpus de textos.

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La tierra como una muralla, separa lo de afuera de lo de adentro. En la literatura la fantasía también puede interpretarse como una muralla, que resguarda el movimiento interno del espacio. Las hormigas sacan la tierra para afuera y eso vuelve evidente su presencia. Sabemos que están ahí. ¿Cuáles son esos textos que nos introducen en otro mundo? Pienso en textos donde la fantasía se manifiesta con total hegemonía. En la literatura infantil Alicia en el país de las Maravillas es el mejor ejemplo de cómo ese mundo se vuelve evidente y nos atrapa. La arbitrariedad que le da lógica lo vuelve interesante y entretenido. También, siguen esa lógica cuentos como “El señor Lanari” de Ema Wolf o canciones como “El mundo del revés” de María Elena Walsh para hablar de la literatura infantil argentina, o también mundos tan originales como el de La saga de los confines de nuestra querida Liliana Bodoc.

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Como opuesta a la entrada anterior tenemos estas aberturas en la superficie, como especies de agujeros, que nos hacen imaginar el principio de un túnel o un recorrido. Por eso, estas entradas pueden pensarse en relación con la crítica del campo literario infantil y podrían asociarse al ingreso por tema, por género, por autor o por personaje. Lo cierto es que se vuelven evidentes por la ruptura de una parte con respecto a la otra y el interior del recorrido es el que indica la dirección de ese eje. Un ejemplo podrían ser los cuentos del Sapo de Gustavo Roldán, o la colección de cuentos de elefantes que tracé desde la crítica para contar la violencia política en la literatura infantil argentina. Se pueden consultar el desarrollo de estas colecciones en los artículos publicados en las revistas El taco en la brea N° 2 http://bibliotecavirtual.unl.edu.ar/publicaciones/index.php/ElTacoenlaBrea/article/view/4672 y en Telar. Revista del Instituto Interdisciplinario de Estudios Latinoamericanos N° 7-8 http://revistatelar.ct.unt.edu.ar/index.php/revistatelar/article/view/151

Otra entrada posible es la ranura, con forma alargada y estrecha, rodeada por restos de tierra o piedritas. Las hendiduras que se abren en medio de una superficie sólida pueden tener diversos propósitos: hacer un ensamblaje o guiar una pieza movible, sabemos por el diccionario. Este tipo de entradas pueden organizar esos textos donde el trabajo entre narración e ilustración tiene características particulares. O también para esos textos que nos reservamos porque nos llaman la atención, por su ilustración o porque presentan diferencias con respecto a los textos más frecuentes que resuenan en nuestra propia experiencia como lectores. Como ejemplo se me vienen textos como Mundo babosa que solo tiene imágenes para contar una historia, o Uno y Otro de María Wernicke cuya lectura -para mí- desborda en sentidos y emociones, también podrían ser algunos de los de Anthony Brown.

En fin, la propuesta es pensar cómo organizaríamos nuestra propia biblioteca estableciendo categorías que nos permitieran rescatar el sentido de nuestras lecturas o interpretaciones. No es necesario tener organizado ese universo de lecturas -porque eso también nos pasa con la biblioteca-, pero cuando podemos darle sentido a los textos o a las imágenes los inscribimos en un nuevo orden que rompe con la naturalización de nuestras lecturas y amplía nuestra mirada.

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